Kevin Best es un fotógrafo norteamericano cuyas fotografías reproducen pinturas realizados por los grandes pintores Europeos del siglo de oro.
Compra piezas de porcelana, copas de vidrio, cubertería, ropa, candelabros de bronce… y reproduce meticulosamente bodegones y retratos como si el tiempo se hubiera detenido en el 1700.
Las fotografías están tomadas con una técnica impecable y originalidad .
Los bodegones me parecen una pasada.
Fotografos norteamericanos
Harry Callahan y la Fotografía Crítica
A más de ciento cincuenta años de su invención, la fotografía ha creado y plagiado géneros. Retrato, naturaleza muerta paisaje, reportaje, serialismo, duopresentaciones, el cine, el vídeo, ¿la televisión? Se ha fotografiado con y sin ganas, cansado y despierto, sentado y de pie, por dinero o por ocio, por amor y por odio. Las historias del medio suelen hablar de movimientos y de autores. Y parece que se colocan a un lado a los estadounidenses -son americanos, claro, pero también lo son argentinos, bolivianos o brasileños- y al otro lado se sitúa el resto. O tuvieron más dinero, mejores instituciones, mejor ojo o suerte, lo que sea, pero parece una división ya establecida. Como en todas partes, los hubo más acertados y menos acertados: la estética y el esteticismo son la primera plaga de este arte y un mal extendido por todos los continentes.
Detesto la estética per se porque me parece deudora de una postura escapista. Puestos a repasar imágenes, a leer fotos, pocas veces nos paramos a hacer una lectura crítica de lo que está impreso: sigue dándonos miedo ponernos en contra de algo que consiguió sobrevivir al editor y a la imprenta. Sin embargo, hay que armarse de valor, ver, comparar, mirar a nuestro alrededor y decir, por ejemplo, que ha marcado en exceso un estilo, el francés Cartier-Bresson, que Ortiz -Echagüe era un producto típico del franquismo, que a Bernard Plossu le sobra el cincuenta por ciento de su obra -sólo con la mitad sería un genio, con toda levanta dudas-, que Man Ray tiene fotos muy ñoñas recubiertas de una bella pátina artística. Muy pocos fotógrafos conjuntaron una obra crítica. El medio es poderoso, hipnotizador, deslumbrante, propenso a la repetición y al halago. Grandes fotógrafos se le caen a uno de las manos cuando les pide cercanía, sinceridad, algo que rebase las verdades fotográficas. ¿Cuántas fotos, amable lector, viven en tu memoria y te acompañan en tu cotidiana vida? ¿Cuántas te han hecho cambiar de opinión sobre un tema, una manera de ser o comportarse; cuántas te han ayudado a ponerte delante de ti mismo, de tus íntimas mentiras, tus miedos y tus fobias?
¿Cuántas son tan memorables como para que hables de ellas con tu vecino, el portero de tu edificio o con tu madre? No soy un ingenuo: muchos recordaréis ahora las fotos de salgado, las de Hine o Eugene Smith, las de alguna guerra o un atentado, las de algún famoso o las de presentación de una película hollywodiense. Algunos ejemplos valen, pero qué pocos. Que pena. ¿no somos críticos o no nos dejan serlo? Hablemos de Harry Callahan . Fotógrafo inconformista, inquieto, humilde y crítico. Dueño de un estilo propio, a base de probar y equivocarse, no bajando nunca los brazos, la ilusión ni la ambición es uno de los grandes de este siglo. Me interesa mucho cualquiera de sus modalidades creativas, pero hay una que siempre me paraliza: el retrato y el paisaje unificados en su esposa, su hija y los lugares que visitaban los tres durante su vida cotidiana. Todos hacemos posar alguna vez a nuestra esposa delante de un edificio o una puesta de sol para añadirle dimensión humana a lo que recogerá nuestra cámara. Sin embargo, Callahan retrata a su mujer, un paisaje y los vuelve arquetipos.
Ella en un paisaje urbano, frío y nublado detrás. Ella con media sonrisa y detrás muchos árboles y una luz cegadora. Callahan lo hace todo uno: consigue así fotos maestras, creaciones para el museo y también para la memoria. Me interrogo: ¿por qué puso ahí a su mujer, por qué vestida de negro, por qué en un lugar tan desolador? La facultad principal de Callahan es lograr preguntas en el espectador, que así vive la foto, la hace suya, llevándole a la memoria pero también al pensamiento. Decía Cortázar, escritor argentino que sabía mucho de la vida y sus otros lados, que hay lectores macho y lectores-hembra, o sea, pasivos y activos (la polémica sobre macho y hembra que quedó zanjada al pedir perdón Cortázar por la categorización: quedémonos con el concepto). Me temo que la mayoría se vuelca en la pasividad. Pero la culpa no es sólo suya: dice mi amigo Juan Uceda que no se lee más por culpa de algunos escritores, y yo añado que no nos gusta más la fotografía por culpa de algunos fotógrafos. Callahan veía la ciudad, el paisaje críticamente; a su mujer, inserta en ellos, también la miraba críticamente desde el visor de su cámara. Qué valentía creativa, qué sinceridad.
Mira críticamente quien no se solaza en el dolor ajeno, quien no halaga al poder, quien arriesga, se compromete con la verdad, con lo real. Y sobre todo mira críticamente, fotografía críticamente quien “hace una foto para un lector, que, a su vez, tienen derecho a saber que un fotógrafo le está haciendo un guiño a favor de la alteridad, desde su ideología, sus objetivos, su mentalidad (Margarita Leo Andon: Documentalismo fotográfico) “. Quien no toma al espectador por idiota: algo muy común entre quienes se sienten artistas y tratan a su público como a bebés o a ignorantes. Las cartas sobre la mesa: esto es fotografía, señores, yo soy quien soy, ahí va lo mío. Callahan nunca obvió la inteligencia ni burló el desconocimiento del espectador. Creía en él, en el otro. En su serie de fotografías callejeras captó las expresiones aletargadas, ausente de los viandantes con la cámara a la altura de la cadera, magnificando a los sujetos aunque los fotografiaba absortos, poco favorecidos. Andando unos al lado de otros y sin verse, altivos para nadie, perdidos en pensamientos nada relacionados con el pavimento, los semáforos ni el trafico rodante, los anónimos paseantes de las fotos de Callahan están representando a nuestra sociedad, de nuevo son personas y a la vez arquetipos; vistos críticamente pero sin maltratarles, sin presentarlos junto a sus miserias o su vacuidad existencial.
Todos son importantes para Callahan, que se fija en ellos un poco antes de fotografiarlos y luego los observa en el papel para preguntarles mudamente, para preguntarse a sí mismo. Nunca los utilizó: los buscaba. En la serie de rostros callejeros, casi presentados como en las fotos de carnet, Callahan dejó el fondo y el entorno desenfocados porque quería que nos mirásemos en esas caras, que buscáramos rasgos, expresiones, pensamientos a flor de piel que nos identificaran o nos llevaran a meditar. No es algo que él hiciera por primera vez, pues también realizó una serie semejante, en el metro, Walker Evans. Críticos ambos, nos muestran a seres en su vida más normal, sin alterar su realidad, y despojan con su cámara la existencia de su primera capa, la más transparente y que podríamos llamar rutinaria, para llevarnos más adentro, donde el ser humano empieza a ser el mismo, con dudas llenas de fe y fe llena de dudas. Y acaso ésta es una función básica de la fotografía crítica: mostrar esa verdad humana que una sociedad consumista, engañada y en manos de poderes sólo a medias entrevistos nos está hurtando como el mago cuando hace brotar y desaparecer sucesivamente de sus dedos y la palma de sus manos esas monedas que nos deslumbran y nos convierten en espectadores todo ojos, olvidados de nosotros mismos y de nuestras más autenticas necesidades.
Fuente: Paco Ortiz
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La Fotógrafa del pueblo, fue una de las iniciadoras del documentalismo social y pionera en el reportaje. |
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| Dorothea Lange, nace en Hoboken Nueva Jersey – USA en el año 1895
y fallece en San Francisco California – USA en 1965. Con tan solo siete años contrae la poliomielitis, enfermedad que le daña el desarrollo de la pierna derecha, mancándola este hecho de por vida. En 1917 estudia en la Clarence White School (Nueva York), de marcada tendencia pictoralista. Aunque las verdaderas señas de identidad de su trabajo se las proporciona su faceta como reportera, que comenzaría a ejercer dos años más tarde, en 1919 cuando abre un estudio en San Francisco. Antes de ello, en el año 1918, se dedica a dar la vuelta al mundo. Afición que compaginará con su trabajo de reportera más adelante. En 1920 se casa con su primer marido, el pintor Maynard Dixon, con quien tiene dos hijos. En Taos, México conoce a Paul Strand, quien tendrá una cierta influencia en su trabajo. También establece relación con Imogen Cunninghan, quien junto con Margrette Mather y Laura Gilpin son exponentes de un pictorismo moderno e híbrido en el que confluyen las atrevidas formas de la modernidad y del esteticismo hermético y la suavidad atmosférica del pictorismo. Posiblemente influenciada por sus frecuentes contactos, a partir de 1933, con el grupo f/64 (también llamado 64f) empieza a reflejar su entorno mediante documentos fotográficos de las condiciones laborales de la época, dedicando especial interés en captar a los más afectados por la grande presión norteamericana de los años 30.
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Apostando aún más allá de los típicos calendarios de mujeres en bikini, la firma de neumáticos ha decidido realizar una superproducción fotográfica en el desierto del Calahari y el oasis de la delta del río Okavango en el continente africano con mujeres, en algunos casos, completamente desnudas

se utilizaron una gran cantidad de animales típicos de la zona como es el caso de elefantes
El fotógrafo encargado de realizar las imágenes es el neoyorquino Peter Beard, quien se especializa justamente en fotografía salvaje o de aventura, siendo África su escenario más utilizado.
Entre las Modelos que podremos encontrar en el calendario podemos ver a Malgosia Bela, Isabeli Fontana, Mariacarla Boscono o Daria Werbowy; nombres importantes en las pasarelas actuales
Pirelli decidió además, lanzar el calendario con la frase “Only beauty can save the world“ (“Sólo la belleza puede salvar el mundo”)

Por otro lado tuvo una contrapartida organizada por los empleados de la firma que sustituyeron el calendario de desnudos por otro de despidos bajo el lema “Menos tetas y más trabajo

En la planta que Pirelli tiene cerca de Barcelona, en España, la empresa anunció el despido de 280 empleados. Y los trabajadores reaccionaron con un enérgico reclamo: “Menos tetas y más trabajo”.Ése es el título del calendario “alternativo” al de la empresa que presentaron luego de una manifestación por las calles de Manresa, donde se encuentra la fábrica, para reclamar por el mantenimiento de las fuentes de trabajo.
Las imágenes del calendario alternativo representan lo que significa para un empleado quedarse desocupado. El sindicato sostuvo que su almanaque es “mucho más representativo del modelo de relaciones laborales de la dirección de la multinacional”.
Los trabajadores sostienen que los despidos no se justifican ya que la planta no da pérdidas.Desde hace más de 40 años, el calendario Pirelli ha logrado vislumbrar a todos los amantes de la fotografía. Lo que empezó como un artículo promocional logró causar furor en su primera edición, y desde entonces esta edición se ha convertido en todo un objeto de culto, pues representa las tendencias fotográficas de cada año.
Las siete modelos que participaron es esta edición número 36, son Daria Werbowy (Canadá), Emanuela de Paula e Isabela Fontana (Brasil), Lara Stone y Rianne Ten Haken (Holanda), Malgosia Bela (Polonia) y Mariacarla Boscono (Italia).
Fuente:
Man Ray

Nacido en Filadelfia, el 27 de agosto de 1890
Artista estadounidense de origen judío ruso, nacido con el nombre de Emmanuel Radnitzky.
Empieza a pintar a la edad de cinco años y dos años después se traslada a Brooklyn con su familia, donde va a la escuela. Recibe una beca para estudiar Arquitectura y la rechaza al igual que la idea de una educación académica.
En Nueva York trabaja como grabador y en una agencia de publicidad, a la vez que asiste a las clases nocturnas de la National Academy of Design. Sus primeros contactos con la vanguardia neoyorquina se producen en sus visitas a la galería de Alfred Stieglitz y en las tertulias de los Arensberg.

En 1914 se casa con Adon Lacroix, una poeta belga. Su primera exposición individual tiene lugar en la Daniel Gallery de Nueva York en 1915. Funda, junto a Marcel Duchamp y Francis Picabia, el Dadá neoyorquino.
En 1918 trabaja con aerógrafos sobre papel fotográfico y en 1920, con K. Dreier y M. Duchamp, funda la Société Anonyme, una compañía desde la cual gestionan todo tipo de actividades de vanguardia (exposiciones, publicaciones, instalaciones, películas, conferencias, etc.).
Dos años después se instala en París hasta 1940, y allí centraliza el Dadá parisino.
Ante la imposibilidad de vender su obra, Man Ray vuelve a la fotografía.
Sus primeras obras experimentales son los Rayographs de 1921, imágenes fotográficas sacadas sin cámara (imágenes abstractas obtenidas con objetos expuestos sobre un papel sensible a la luz y luego revelado). Hace también retratos, de hecho se convierte en fotógrafo retratista de personalidades de la cultura.

Hacia finales de los años veinte comienza a realizar películas de vanguardia, como la Estrella de Mar (1927).
Hace objetos dadaístas como Object to be Destroyed de 1923, un metrónomo con la fotografía de un ojo agarrada a la aguja.
Cuando el surrealismo se separa del dadaísmo en 1924, Ray es uno de sus fundadores y está incluido en la primera exposición surrealista en la galería Pierre de París en 1925.
Inspirado por su modelo y amante Alice Prin, conocida como Kiki de Montparnasse, hace Le Violon d’Ingres (1924).
En los años treinta realiza la serie de las solarizaciones, negativos fotográficos expuestos a la luz, y sigue pintando en un estilo surrealista; publica varios volúmenes de fotografías y rayógrafos.
En 1936 su obra está presente en la exposición Arte Fantástico, Dadá y Surrealismo del Museo de Arte Moderno de Nueva York.En 1940, escapando de la ocupación nazi de París, se instala en Hollywood y en Nueva York, regresando a Francia en el año 1951. Durante su estancia en California se gana la vida enseñando como profesor.
La fértil producción de Ray elude categorizaciones netas y refleja su ágil y humorística sensibilidad. Entre pinturas y fotografías hay que incluir películas, objetos, collages, obra gráfica, dibujos, diseño publicitario y moda.

Como pionero de Dadá y Surrealismo su aproximación se caracteriza por lo irracional y lo incongruente, provocando erotismo y escándalo.
“La búsqueda de la libertad y el placer; eso ocupa todo mi arte”, dirá.
En 1963 publica su Autobiografía; antes de morir, el Metropolitan Museum de Nueva York le dedica una retrospectiva a su obra fotográfica (1973).
Muere el 18 de noviembre de 1976, en París.

Fuentes;








como ella misma hacía constar en su tarjeta de visita,
